La gente de internet
Entiendo perfectamente a la gente que se está quitando las redes sociales porque cada día que entro me encuentro cosas más raras que me hacen replantearme mi permanencia en ese mundo virtual y la mayor parte de las veces también ficticio (para qué engañarnos, no es nada nuevo).
El viernes de la semana pasada estuve mala con catarro y me quedé en casa. El sábado también, pero ya me encontraba un poco mejor como para al menos salir un ratito a tomar el sol y a pasarme varias horas leyendo en el sofá. Pero el viernes pasé 6 horas y media pegada a la pantalla del móvil, y todas esas horas, a menos que en ellas se cuenten las conversaciones con mi madre y mis hermanas a lo largo del día, transcurrieron por la tarde que fue cuando dejé de trabajar. Así que lo que quiero decir con esto es que si de algo no me había dado cuenta ya antes, lo acabé viendo en esas 6 horas y algo del viernes con febrícula. Se podría decir, por lo tanto, que estoy hablando desde el más absoluto conocimiento de causa.
En cuarenta y ocho horas de catarro me he dado cuenta de que pocas cosas hay que me den tanto miedo como el ser humano, y eso que me dan miedo bastantes seres vivos, como seguramente ya sepan los que me leen cada semana.
Me aterroriza la cantidad de chicas imitadoras de Aitana la cantante que hay en todas partes, pero especialmente en Tiktok. Chicas con el pelo largo, liso, oscuro, negro, con un flequillo perfectamente peinado y medido al milímetro para que caiga de manera uniforme y sin parches libres justo debajo de las cejas. Todas a veces con gafas que no sabemos si son graduadas o del temu. Gafas de metal, con forma cuadrada, de aviador, redondas. Todas como las ha llevado Aitana. Todas flacas, todas haciendo los mismos gestos, con los morros fuera, marcando los hoyuelos de las mejillas, todas señalando a cámara y guiñando un ojo cuando cantan en playback Estoy con mis amigas de reojo mirando te queda tan bien esa camisa de Versace, todas enseñando la lengua, todas con la misma ropa, todas con la voz aguda, todas con los labios perfilados y pintados de color marrón con brillo como Malú a finales de los 90, todas sacándose solo los planos que les interesan, pero todos los planos con el flequillo, todas riéndose, todas con argollas en las orejas, todas cantando canciones de Aitana. “Tía, cómo te pareces a Aitana”, “Tía, que pensé que eras Aitana”, “Esto lo tiene que ver Aitana”. No creo que Aitana quiera verlo, to be honest.
Ariana Grande también tiene una imitadora a la que la gente suele referirse como “su imitadora oficial”, un mote que a mí me parece extraño porque no entiendo muy bien qué es lo que quiere decir ni qué implica serlo: ¿la sustituye en eventos como aquella persona que se decía que había sustituido a Jim Carrey? ¿es su doble en las películas? ¿Va a las cenas familiares en su lugar? ¿Se presenta al examen del carné de conducir por ella? En su momento creo que dio una respuesta políticamente correcta en alguna entrevista o incluso en algún comentario de alguna red social, pero seguramente la realidad es que está muerta del miedo y yo no la culparía, la verdad, porque hasta yo lo estoy.
Además de los doppelgangers tanto de Aitana y Ariana como los de otros famosos (mención especial al artista que es igual a KJ Apa y a todos los imitadores de Michael Jackson y Jacob Elordi, tres nombres que nunca pensé que fueran a estar en una misma frase, por cierto), también me he visto enfrentándome a interacciones que me han hecho llegar a pensar que en cualquier momento iba a salir Toñi Moreno en Suecia para decirme que soy una persona maravillosa por tener la paciencia que me ha dado Dios nuestro señor y la tila que me tomo por las noches antes de dormir.
Un tío de Vinted se ha enfadado conmigo porque insistía en que le vendiese un gorro en persona quedando con él en lugar de por la aplicación. Después de decirle varias veces que lo siento mucho, pero que solo vendo a través de la app, siguió escribiéndome para decirme que no entendía por qué no quería quedar con él, y yo, como no entendía la insistencia de él en quedar conmigo por un gorro de mierda, lo bloqueé y lo reporté a Vinted, pero por lo visto a Vinted no le pareció nada rara la insistencia de ese hombre, así que al final no tomaron ninguna medida, pero si me ha vuelto a escribir yo no lo he visto porque lo he bloqueado tanto a él como al perfil de su mujer, que lo encontré porque era la única persona a la que seguía. Si se acuerdan de que hace unas semanas les había dicho que me había gastado como 50 euros en unos zapatos de segunda mano de Chloé, les diré que, finalmente, después de 3 semanas del recorrido del paquete entre Polonia y Suecia, los zapatos se devolvieron a la vendedora, que me dijo que los volviera a comprar. Pero como a mí me estaba oliendo medio raro porque no entendía por qué no habían pasado la frontera entre los dos países, al final decidí quedarme con el dinero. La chica se molestó bastante pero sinceramente, si se enfada, dos problemas tiene, y tres si no come. A mí sinceramente me viene a dar absolutamente igual, aunque ya van dos personas con las que me estoy enemistando en Vinted, un lugar lleno de joyas y de gente extraña.
No puedo evitar sentirme que estoy fuera de lugar con lo que el algoritmo me recomienda últimamente, que son básicamente vídeos de chicas dando recomendaciones sobre cómo vestirme como si fuera Maddie o Cassie en la segunda temporada de Euphoria, para que un tal Jeremy decida que tengo el perfil idóneo para meterme en la casita de Bad Bunny; también vídeos de gente que se graba opinando sobre lo que otras personas de tiktok a las que no conocen de nada comen durante un día diciendo cosas como que, en realidad, si se va a pasar la mañana estudiando, tampoco hace falta que coma mucho en el desayuno porque no está quemando calorías. Últimamente me salen muchos vídeos de gente comiéndose entre 12 y 16 huevos duros en una comida, una cosa que además de extraño me causa mucha gracia porque mi madre y yo compartimos uno entre las dos cuando hay rehogado de judías para almorzar porque a ninguna de las dos nos gusta el huevo duro. Entre la gente que se come docenas de huevos duros también veo a gente muy flaca, cada vez más flaca pero que no está sana ni física ni mentalmente y que dedican sus publicaciones a demonizar los carbohidratos, el gluten y el azúcar (es decir, todo lo que está bueno), pero que probablemente no perdonan el agüita con misterio y algún que otro estupefacientito los fines de semana y seguramente también un pinchacito de ozempic y derivados cada siete días.
Este tsunami de gente que pa mi gusto desde que pueda debería de reiniciar el windows, el linux, el ios o cualquier otro sistema operativo con el que tenga programada su cabecita, junto con la tendencia de vídeos motivacionales y filosóficos con música de Camilo de fondo o con versiones instrumentales de canciones modernas que hablan sobre la productividad, sobre crear y sobre cómo hay que contar todo el tiempo lo que hacemos y lo que trabajamos porque si no lo publicamos parece que no lo estamos haciendo, están haciendo que la verdad, me sienta cada vez más desconectada de todo y tenga ganas de dejar de participar en este circo virtual, porque en realidad, si me tengo que dedicar a hablar de todo lo que tengo que hacer o que estoy haciendo, quito tiempo de lo verdaderamente importante, que básicamente es hacer esas cosas.
Evidentemente, no me he ido de internet, ni de las redes sociales, porque además de todas las cosas extrañas que he visto y que hacen que me plantee qué hago aquí, las redes (y la gente) también me han dado momentos fantásticos en formas de memes y vídeos gracias a los que he podido ver al papa haciendo six seven con las manos (pero ¿este hombre sabe lo que significa eso y yo todavía no?), a un canario pidiéndole a León XIV que subiera la Unión Deportiva a primera (yo creo que no lo oyó bien), las comparaciones de la Princesa y la Infanta vestidas de negro con las hijas de Zapatero en el 2009; todos los vídeos de El Diario de Jorge, en especial todos aquellos protagonizados por gente de Canarias y más concretamente los de dos chicas que se presentaron a algún concurso de belleza de Miss Mundo y esas cosas y que ahora mismo están peleadas; y vídeos de monos comportándose de manera más humana que algunos de los humanos que conozco.
Por los comentarios en tiktok, por los memes y por los vídeos de animales, seguiré siendo víctima de esta esclavitud que odio y adoro a partes casi iguales.

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Realmente Aitana ha marcado tendencia entre las chicas jóvenes. Lo veo en mi sobrina y primas mías. Aunque para mí es un misterio, sobre todo después de haber visto parte de su documental. Entiendo que no hay que elegir, pero estando Amaia...